jueves, 26 de junio de 2008

La niña del parche

La niña del parche tiene un ojo tapado con un parche. Supongo que no será una pirata. A veces se los ponen para fortalecer la vista del otro ojo o algo así. He aquí una escueta lección ocular: el parche se utiliza para tapar el ojo con buena visión y dejar al otro ojo (llamado perezoso) trabajando y averiguar de ese modo qué tratamiento aplicar para curar la ambliopía (déficit de agudeza visual).
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Me acuerdo que un niño ambliopio de mi clase llevaba un parche de color carne. Ese color que en los plastidecor (que sí se rompen y no se pueden borrar a no ser que acabes lijando el folio con la goma) era de tono rosado. Supuestamente era el color de nuestra piel. A las personas de diferente color las conocimos gracias a Manos Unidas. Venían a dar charlas y nos enseñaban dibujos con un corro de niños que rodeaban el mundo. A los negros les pintaban de color negro, a los chinos amalillos y a los indios morados (¿?)
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Volviendo a comparaciones diacrónicas. En la antigüedad, cursando primero de EGB, todos nos llevábamos las ceras manley que no eran nuestras a casa. En la actualidad, es el boli el material más preciado y efímero de mi oficina. Los bolis no se compran nunca jamás. Tampoco se crean ni se destruyen. Se autodestruyen cuando explotan en el interior de bolsillo dejando todo perdido de tinta. Pero si no llevan a cabo ese acto mortal de rebeldía, antes de secarse se traspasan de una mano a otra, de un bote a otro bote. Ese es su sino.
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Cuando una mano lo coge aposta debe ser cuidadosa porque los que tienen marca (Fontanería Jose e Hijos) se reconocen fácilmente y el propietario anterior (que nunca coincide con el original) lo mismo no dice nada (al fin y al cabo es solo un boli) pero quizás te haga sentir fatal diciéndote : anda devuélvemelo que es el único que pinta.
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Lo peor de todo es que una vez le coges cariño, una vez tienes sistematizado el movimiento del dedo gordo que aprieta y desaprieta el botón, y una vez te acostumbras su tamaño, su tacto y a lo bonita que queda tu letra en el papel, ocurre lo típico. Una de dos. Bien olvidas la joya en otra mesa durante más de dos minutos, bien (mal), como decía más arriba, metes la mano en el bolso y la sacas totalmente azul. Efectivamente se ha producido una explosión de tinta. No hay duelo: hay dolor.

1 comentario:

Gabriela dijo...

La niña del parche????
Más info, q nos dejas en el aire la historia!!!!!
:-P