sábado, 12 de julio de 2008

Punteos (o apuntes) de Rock Werchter

Alojamiento, el camping
Un lugar reinado por la tranquilidad de gente leyendo el periódico, jugando a las cartas y acabándose latas alcoholizadas. No hay djembés ni música cuyo volumen atraviese las paredes de las tiendas de campaña. Por tanto, un rock silencioso roto por los gritos de mi compañera de aventura (quien me conoció estando yo completamente desnuda hace casi 25 años) que olvida que las tiendas de campaña se protegen de los bandidos con unos hilos transparentes que sobresalen un metro de la tienda hasta clavarse en la tierra. Se llaman vientos. De repente ha pisado uno y está volando, gritando, moviendo los brazos con intención de volar, hasta que es salvada por un holandés grandullón.

Festivaleros del Werchter
Personajes como el típico cómico inglés que nos suelta su monólogo y se pira dejándonos muertas de risa diciendo, You were a great audience. Se va porque van a tocar ahora los Hot Chip que si se unieran a los, digamos, super cool Roast Chickens en español quedaría: ¡Ey, que van a empezar los Pollos Asados y las Patatas Calientes!

Pocos asistentes fuman (tabaco) a pesar de que muchos carteles gritan: Weed needed! Bastantes se ponen tapones en los oídos porque han pagado menos y les obligan a oír todo más bajito. Muchos visten con ropa merchandising. Y todos se emocionan cuando entre un concierto y otro les enfoca la cámara. Se vuelven locos por salir en las dos pantallas del tamaño de 128 campos de futbolín.

Las instalaciones
En un festival español es impensable no esperar colas para pedir bebidas o para entrar al baño (caja móvil estercolera). Lo normal es perderte los 30 minutos de concierto mientras te haces amigos de espera que luego saludas, ¿Qué pasa colega de cola? ¿Se te colaron muchos? En Bélgica, no hay que esperar.

Algo también inconcebible en España y que en la Bélgica flamenca no se cuestiona: jabón para las manos siempre y siempre papel higiénico disponible. De hecho los puestos creados para el evento son de una especialización laboral tan extrema que entre otros se ha creado el de "dador" o "sujetador" de papel higiénico. Empleado que sujeta los rollos mientras tú coges papel pensando, Sabe que voy a cagar.

Los obsequios
Gorras, bolsos, abrelatas, cojines, cepillos de dientes (¿?), un sillón de esos inflable que fue la envidia (ganado a pulso tras vencer a mi contrincante, Ave César, los que van a ganar te saludan) y bebidas que podías adquirir sin pagar. Dos modos de beber gratis:
1. Modo fácil pero trabajoso. Por cada 20 vasos de plástico vacíos que recogías por el suelo, por las barras o de las manos de la gente, te daban uno lleno. Típica estampa: personas con torres de vasos en ambas manos.

2. Modo facilísimo. Encontrándonos tickets bebida. Ocurrió una vez. Había un fajo de tickets de esos a los pies del señorito que bailaba delante. Y mi hermana decía: ¡cógelos antes de que te vea! Hasta que el hombre va y los pisa: Espera, espera, ahora no... Y los despisa: ¡Píllalos YA! Dilema. El angelito del hombro derecho dice: pero es que eso es una putada, 15 euros que pierde el pobre. Y el demonio tirando de mi mano: Si no los coges tú los va a coger el de al lado que también los está mirando. Basta de bondades. Me agacho y los meto ágilmente en mi bolsillo: ¡HUYAMOS!

Teniendo todo en cuenta, grabando en nuestra memoria los dos días de sol al que dejamos abrasarnos (una semana después aún la mantequilla fundiéndose en una sartén tiene el mismo efecto que la crema en mi cara) y sin olvidar la calidad altísima de los que completaron el cartel (para más información http://www.rockwerchter.be/), me quedo con el mensaje del autobús de mi foto del día 1 de julio: "Good music makes good people".

1 comentario:

Gabriela dijo...

....... después de conocer varias versiones del evento..... ¡me arrepiento de no haberlo compartido!!!!! vaya experiencia, no????
bss