jueves, 7 de febrero de 2008

¡Viva Colonia!

Necesito (quiero) un billete de autobus destino Colonia. Me enchufo a internete, la pantalla hace pluf y se queda totalmente negra. Reinicio sin clemencia el ordenador hasta cuatro veces ¿Cuántas veces hay que hacerlo antes de darse uno cuenta de que necesita servicio técnico especializado?

Mientras espero a que un colega me solucione el problema, pongo el flexo a 15 centímetros del portátil para poder ver al menos dónde está la flecha del ratón. Así, con linterna, entro en la página de Eurolines. Me piden clave de acceso. La que me hice un día no la recuerdo así que me vuelvo a registrar. Ya por fin elijo lugar de salida y llegada, selecciono horario y marco el cuadrado aceptando las condiciones de viaje. Veo una Oferta Carnaval, se llama. Hago clic sin pensarlo. Cuando voy a meter los datos de la Visa para pagar salta una ventanita: piden un código de desactivación de protección de tarjeta. Entro en la web de mi banco donde consigo abrir el candadito y ahí veo (a duras penas) la clave que me pedían. Vuelvo a la página para acabar mi pedido: ha expirado. También ha desaparecido la promoción que ofrecían. Aunque acabo haciendo la compra por teléfono, a continuación voy a ebay y me hago con un cibersereno para que no se me vuelva a resistir la entrada a ninguna puerta.

Al día siguiente, por fin estoy en Colonia donde todos, ciudadanos y visitantes, llevan puestos los disfraces más currados que haya visto jamás. El punto de partida es el impresionante Duomo al que entro siguiendo una procesión de marineros, payasos, vampiros, piratas, enfermeras y una familia de Los Tres Cerditos. Dentro, en plena eucaristía, han puesto un cordón para separar a Don Carnal de Doña Cuaresma. Yo me acerco hasta la delgada línea roja y viene hacia mí un monje (doy por hecho que es auténtico) : Entfernen Sie den Hut Hexe Lady. (Quítese usted el sombrero de bruja, señorita). Le hago caso pero me preguntó el por qué de semejante discriminación. A mi lado está Papá Pitufo con su gorro rojo, el Inspector Gadget con su gabardina y sombrero gris, y detrás, Escarlatta O´Hara con su espectacular pamela.

Salgo a la calle y a ritmo del tambor llego a una estatua muy graciosa de dos tipos narizotas. Un Pedro Picapiedra se presta a hacerme una foto no sin antes decirme que si le froto la nariz tendré felicidad eterna. ¿Si? Me acerco a él (al troglodita), le froto la nariz y lo que me da es un garrotazo. Engañada por el personaje me pongo a pensar en todas esos rituales absurdos que hay que seguir para: tener buena suerte, tira una herradura para atrás; ser fértil, báñate en cierta playa gallega una noche de luna llena (¿llena de qué? De luna); estar sano, da un cabezazo a tal santo; triunfar en el amor, toca el busto de Julieta (sin que te vea Romeo); tener dinero de por vida, tira monedas a la fuente…

En esa ciudad donde no se sabía quién era quién, me recoloqué mi sombrero embrujado y dejé que la rica cerveza y la música folclórica alemana me otorgasen la felicidad instantánea para disfrutarla en ese preciso lugar y fugaz momento. Más vale pájaro en mano.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Like Neo.

Anyway,
I've always wanted to go to Cologne! That's great and it sounds like an exciting trip! Then again, I've always wanted to go to Brussels, as well. So I suppose I'm just jealous of you in general. Grr. :)

Anónimo dijo...

ja, ja, ja!
En la excursión de primos a Florencia Ignacio se inventó una tradición con un jabalí de bronce: consistía en algo así como tirarle de la oreja, acariciarle la garganta y, por último, frotarle el colmillo con el codo. Lo hicimos poniéndonos los seis en fila como si no nos conociéramos. Al volver por el lugar cuatro horas después los turistas seguían haciéndolo. Bestial. Jaime.